Como funciona la factura electronica
- Pablo Jiménez

- hace 4 días
- 11 min de lectura
Actualizado: hace 18 horas

Tienes una factura en PDF, otra en una carpeta compartida y un Excel que solo tú sabes interpretar. El cliente pregunta si la has recibido, la asesoría necesita el IVA y tú buscas el justificante de pago como quien busca una pieza de Lego debajo del sofá. En ese contexto, entender cómo funciona la factura electrónica no consiste en memorizar siglas, sino en saber qué archivo se crea, por qué canal circula, quién lo valida y cómo termina en la contabilidad.
En España conviven tres marcos que suelen mezclarse: Facturae para facturar a las Administraciones Públicas, la obligación B2B desarrollada por el Real Decreto 238/2026 y Veri*Factu, que regula el comportamiento del software de facturación frente a la Agencia Tributaria. No son sinónimos ni se implantan exactamente de la misma manera. Separarlos es la forma más rápida de decidir qué tienes que preparar primero.
Índice
La factura de toda la vida convertida en archivo - PDF y factura electrónica no son la misma cosa
El viaje de una factura electrónica paso a paso - Cinco acciones para completar el recorrido
Calendario oficial y qué tienes que preparar antes - Qué hacer antes de que llegue tu tramo
Cómo encaja la factura electrónica en tu gestión contable - De la factura al asiento - Control visual y trazabilidad
Errores típicos en la transición y cómo esquivarlos - Confusiones que salen caras
La factura de toda la vida convertida en archivo
Imagina a Marta, autónoma y diseñadora. Abre el ordenador, prepara una factura, la guarda como PDF y la envía por correo. Después imprime una copia, subraya la base imponible y el IVA, y apunta en un Excel cuándo debería cobrarla. El PDF se ve perfecto, pero el programa contable no entiende necesariamente cada dato. Para él, el NIF puede ser texto, el importe puede estar en una imagen y la fecha puede requerir revisión manual.
Una factura electrónica estructurada cambia esa escena. No es un PDF escaneado ni una imagen adjunta. Es un archivo, normalmente en formato XML, en el que cada elemento tiene una etiqueta que el software puede identificar. Formatos como Facturae o UBL permiten que una aplicación localice el NIF, la fecha, la base imponible, el tipo de IVA y el total sin que nadie tenga que teclearlo otra vez.
La factura sigue conteniendo los datos legales habituales:
Identificación: NIF, nombre o razón social y domicilio cuando corresponda.
Operación: descripción, unidades, precio y fecha.
Fiscalidad: base imponible, IVA, IRPF si aplica y total.
Control: número, serie, firma, estados y referencias relacionadas.
La diferencia está en la forma de organizar esa información. En un PDF, una persona ve una factura. En un XML estructurado, el sistema ve campos con significado inequívoco. Eso permite validar, registrar y contabilizar con menos intervención manual. El subrayador perpetuo, por fin, puede jubilarse sin montar una asociación de antiguos compañeros de oficina.
PDF y factura electrónica no son la misma cosa
Un PDF puede servir como representación legible de una factura, pero por sí solo no convierte el documento en una factura electrónica estructurada. La clave no está en que el archivo viaje por internet, sino en que los sistemas puedan procesarlo de forma automatizada y conservar la autenticidad, la integridad y la trazabilidad.
En la contratación pública española, el formato oficial es especialmente claro. Las facturas dirigidas a las Administraciones deben emitirse en Facturae 3.2.x, incorporar firma electrónica XAdES y pasar por el punto de entrada correspondiente. El formato Facturae oficial explica esta estructura y sus requisitos técnicos.
Para una empresa pequeña, el cambio de mentalidad es sencillo: la factura deja de ser únicamente un documento para leer y pasa a ser también un conjunto de datos para trabajar. El programa puede generar el archivo, comprobar sus campos, enviarlo, registrar su estado y archivarlo junto con el resto del expediente. Esa es la base sobre la que después se conectan la recepción, la contabilidad y la comunicación de pagos.
Si quieres repasar qué información debe contener una factura antes de automatizarla, puedes consultar esta guía sobre las partes de una factura.
El viaje de una factura electrónica paso a paso
La forma más fácil de entender el proceso es compararlo con un envío postal certificado. El emisor prepara el contenido, coloca un sello que demuestra su identidad, lo entrega por un canal fiable y conserva el justificante. La diferencia es que aquí el cartero es un sistema informático y trabaja bastante más rápido que el de la ventanilla un lunes por la mañana.

Cinco acciones para completar el recorrido
Emitir. El autónomo o la empresa crea la factura desde su programa. El sistema genera el XML con los datos del cliente, la operación, los impuestos, la serie y el importe.
Firmar. El archivo incorpora una firma electrónica basada en un certificado. La firma ayuda a acreditar quién lo ha emitido y protege la integridad del contenido. En el ámbito público, Facturae utiliza firma XAdES.
Enviar. El emisor utiliza el canal que corresponda. Puede ser un portal del cliente, una plataforma de intercambio o un punto de entrada público como FACe cuando la factura se dirige a una Administración.
Recibir y validar. El receptor comprueba que la estructura es correcta, que la firma puede verificarse y que los datos encajan con el esquema aplicable. Si falta un campo o hay un error, la factura puede quedar rechazada antes de entrar en la contabilidad.
Registrar y archivar. La factura aceptada se incorpora a los libros y al sistema contable. Emisor y receptor deben conservar la documentación y las evidencias de su recorrido durante el periodo aplicable. En el marco descrito para este proceso, la política de archivo debe contemplar cuatro años y proteger la integridad, la legibilidad y la trazabilidad.
En la práctica, cada paso responde a una tarea concreta: emitir, firmar, enviar, recibir, registrar y archivar. Si una de esas acciones ocurre en una herramienta distinta y nadie sabe cuál es la versión válida, la automatización se convierte en una gymkana administrativa.
FACe cumple una función de entrada en el entorno B2G. En el intercambio B2B, la arquitectura puede apoyarse en plataformas privadas, una solución pública o una combinación de ambas, según el modelo aplicable. Veri*Factu, por su parte, permite que el software remita registros de facturación a la AEAT, pero no sustituye al documento ni decide por sí solo el canal de intercambio B2B.
Este vídeo puede ayudarte a visualizar el recorrido completo:
La confusión suele empezar cuando se llama “factura electrónica” a todo el sistema. En realidad, cada marco añade una capa distinta al viaje.
Tres marcos que no son lo mismo y conviene no mezclar
La regla práctica es esta: Facturae define una estructura para facturar a la Administración, el RD 238/2026 organiza la factura electrónica B2B y Veri*Factu regula los registros que genera el software de facturación. Pueden convivir en una misma empresa, pero no representan la misma obligación.
La Ley 25/2013 impulsó la factura electrónica en el sector público, creó el registro contable de facturas y extendió el uso obligatorio en las relaciones con las Administraciones Públicas desde 2015, según el texto oficial del BOE. El marco Facturae la convirtió en un proceso técnico y operativo, no en un simple PDF enviado por correo.
El RD 238/2026 desarrolla la facturación electrónica obligatoria entre empresarios y profesionales. La información de la AEAT sobre la facturación electrónica obligatoria indica que el real decreto se publicó el 31 de marzo de 2026, entró en vigor a los veinte días y contempla una aplicación gratuita de la Agencia Tributaria para emitir facturas, comunicar estados de pago y compartir esa información con la Administración.
Veri*Factu no es una factura, ni un portal B2B, ni una versión moderna de Facturae. Es una forma de funcionamiento del sistema informático de facturación. En la modalidad de remisión, el software envía los registros a la AEAT y la factura incorpora un código QR y una mención de verificación, como explica la información oficial sobre VERI*FACTU.
Marco | Ámbito | Obligatorio para | Formato o sistema | Autoridad | Plazo clave |
|---|---|---|---|---|---|
Facturae B2G | Facturas dirigidas a Administraciones Públicas | Proveedores del sector público | Facturae 3.2.x en XML y firma XAdES | Administración y puntos de entrada como FACe | Uso obligatorio en relaciones con el sector público desde 2015 |
RD 238/2026 B2B | Relaciones entre empresarios y profesionales | Obligados B2B según el tramo empresarial | Factura electrónica estructurada e interoperable | AEAT y Administración competente | Aplicación efectiva diferida, 12 meses para quienes superen 8 M€ y 24 meses para el resto |
VeriFactu | Registros generados por el software de facturación | Empresas y profesionales que utilicen sistemas informáticos de facturación | SIF con remisión de registros o conservación con garantías | AEAT | Calendario propio de adaptación del sistema de facturación |
También conviene distinguir estos marcos de obligaciones autonómicas como TicketBAI. La guía de qué es TicketBAI puede servirte para no mezclar una exigencia territorial con el modelo estatal.
La pregunta correcta no es “¿tengo que usar factura electrónica?”. Es “¿a quién facturo, qué formato necesita esa operación y cómo debe comportarse mi software?”.
Calendario oficial y qué tienes que preparar antes
El calendario tiene varias capas y exige prudencia. El hito inicial señalado para este despliegue es el 29 de julio de 2025, mientras que la aplicación efectiva del modelo B2B se articula de forma progresiva. La AEAT sitúa una diferencia relevante entre quienes superan 8 M€ de facturación y el resto de empresarios y profesionales, con un periodo de adaptación de 12 meses para el primer grupo y de 24 meses para el segundo, según el desarrollo comunicado por la Agencia Tributaria.
La implantación divulgada para 2026 también organiza el despliegue por tramos, con referencias a empresas de más de 8 millones, empresas entre 6 y 8 millones, el resto de sociedades y, finalmente, autónomos. El calendario puede verse resumido así, siempre sujeto a las disposiciones técnicas y a la aplicación efectiva que corresponda:

Qué hacer antes de que llegue tu tramo
No esperes a la fecha límite para descubrir que el certificado está caducado, que las series están duplicadas o que el programa no sabe distinguir una factura rectificativa de una normal. Un pequeño negocio puede preparar el terreno con una revisión ordenada:
Elige el sistema: confirma que tu programa genera registros compatibles con el marco que te afecte y que puede trabajar con Facturae o con el funcionamiento Veri*Factu cuando sea necesario.
Ordena la identidad fiscal: revisa NIF, series, numeración, datos de clientes y configuración de centros o actividades.
Custodia certificados: comprueba quién puede utilizar el certificado, dónde se almacena y qué procedimiento existe para renovarlo.
Prueba la firma: genera documentos de prueba y verifica que la firma y la validación no fallan en el canal de destino.
Configura impuestos: revisa plantillas de IVA e IRPF, operaciones exentas, inversión del sujeto pasivo y facturas rectificativas.
Define la recepción: decide por qué canal entrarán las facturas B2B y quién revisará, aceptará o rechazará cada documento.
Prepara el archivo: conserva XML, representaciones legibles, evidencias de envío, estados y registros durante el periodo aplicable de cuatro años.
El RD 238/2026 también contempla una solución pública interoperable y opciones privadas. Eso significa que la elección tecnológica importa, pero importa aún más que el programa pueda intercambiar información sin crear una isla documental.
Regla práctica: primero ordena tus datos y tus circuitos. Después elige el canal. Comprar una herramienta sin limpiar la operativa solo digitaliza el desorden.
El calendario estatal puede convivir con obligaciones autonómicas. Si trabajas en una comunidad con requisitos propios, consulta su sede electrónica antes de cerrar la configuración definitiva. La nave fiscal puede tener más de una ruta de vuelo.
Cómo encaja la factura electrónica en tu gestión contable
La factura electrónica produce valor cuando entra en la contabilidad sin perder información por el camino. Una factura emitida debería generar un registro, quedar asociada al cliente, actualizar el control de cobros y terminar reflejada en los libros que correspondan. La factura recibida debería seguir el recorrido inverso: extracción de datos, revisión, aprobación, contabilización y conciliación.
Un software de gestión como bcount puede centralizar facturación, contabilidad, captura documental mediante OCR e inteligencia artificial, conciliación bancaria y seguimiento de obligaciones. Es una opción de gestión entre otras, pero el criterio esencial es que conecte emisión, recepción, registro y archivo en lugar de repartirlos entre correos, carpetas y hojas de cálculo.

De la factura al asiento
Cuando emites una factura, el sistema debe aplicar la serie adecuada, calcular los impuestos y generar el registro que corresponda al sistema informático de facturación. Si trabajas con un formato estructurado, también puede validar el XML contra el esquema aplicable antes de enviarlo.
Al recibir una factura, el programa puede extraer:
NIF y proveedor, para identificar correctamente a la contraparte.
Base y cuota de IVA, para alimentar los libros registro.
IRPF, cuando la operación lo requiera.
Número y serie, para detectar duplicidades.
Código o referencia de operación, para relacionarla con pedidos, contratos o albaranes.
El siguiente paso es la conciliación. Si el banco registra un cobro, el sistema puede compararlo con la factura pendiente y proponer el asiento correspondiente. Si alguien rompe esa conexión y vuelve a introducir los movimientos a mano, reaparecen los descuadres, las facturas marcadas como pendientes aunque estén cobradas y las revisiones de última hora antes del modelo 303.
Control visual y trazabilidad
Un panel de gestión resulta útil cuando responde preguntas concretas: qué facturas se han emitido, cuáles siguen pendientes, qué proveedores han enviado documentos sin contabilizar y qué vencimientos se acercan. Los avisos también pueden señalar errores de IVA, facturas duplicadas o documentos recibidos que no tienen pedido asociado.
La trazabilidad debe mantenerse completa. Una inspección o una revisión interna puede exigir reconstruir la cadena formada por emisión, firma, envío, recepción, registro, pago y archivo. Si solo conservas el PDF final y has perdido los eventos intermedios, el expediente queda cojo.
El software de facturación y contabilidad debería ayudarte a conservar esa relación entre el documento, el asiento y el movimiento bancario. La tecnología no sustituye el criterio contable, pero sí evita que el criterio tenga que perseguir archivos por cinco bandejas de entrada.
Errores típicos en la transición y cómo esquivarlos
El error más común consiste en cambiar el canal y no el proceso. Una empresa deja de imprimir, envía un PDF por correo y anuncia que ya trabaja con factura electrónica. Ha reducido papel, sí. Pero si el receptor debe volver a teclear los datos, la operación sigue siendo manual y no existe la estructura XML que permite automatizar la lectura.
Confusiones que salen caras
Mezclar Facturae con Veri*Factu lleva a configuraciones incorrectas. Facturae responde al formato y a la firma de las facturas dirigidas al sector público. Veri*Factu afecta a los registros que genera el software y a su posible remisión a la AEAT. Una empresa puede necesitar ambos, pero cada uno se configura por separado.
Romper la conciliación bancaria crea una segunda contabilidad paralela. El banco muestra un cobro, el programa mantiene la factura abierta y una persona corrige el asiento manualmente. La solución pasa por relacionar cuentas, facturas y movimientos desde el mismo flujo, con reglas para revisar las excepciones.
Guardar archivos sin historial también genera riesgo. Una carpeta compartida puede conservar un documento, pero no necesariamente demuestra quién lo modificó, cuándo se recibió, qué firma tenía o si fue rechazado y sustituido. El archivo debe proteger la integridad y conservar los eventos asociados.
Ignorar las facturas recibidas es otra trampa habitual. Digitalizar la emisión mientras las compras siguen llegando a correos personales deja fuera una parte esencial de la contabilidad. El canal de recepción necesita responsables, reglas de validación y un procedimiento para documentos incompletos.
La receta es menos misteriosa de lo que parece:
Unifica emisión y recepción en una herramienta que conozca el origen y el estado de cada factura.
Activa y prueba el SIF para que los registros se generen con las garantías exigibles.
Automatiza la conciliación, pero deja una revisión para los movimientos que no encajen.
Revisa el libro de facturas recibidas desde el propio sistema con una periodicidad estable.
Conserva evidencias, XML, representaciones legibles, firmas, envíos, rechazos y pagos.
La factura electrónica no termina cuando pulsas “enviar”. Termina cuando puedes explicar, sin abrir veinte carpetas, qué ocurrió desde la emisión hasta el archivo.
Empieza por inventariar tus canales actuales, identifica dónde se repiten las tareas y prueba el circuito con facturas reales antes de que la obligación llegue a tu tramo. Configura tu sistema, revisa certificados y series, y pide a bcount que te acompañe en la adaptación de la facturación, la contabilidad y la conciliación para que la burocracia deje de ocupar el asiento del copiloto.




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